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foto de baldovino y cuadro

Periodistas y poetas escriben acerca la obra de Angel Baldovino

Lírica abstracción

Ángel Baldovino nació en Buenos Aires, pero lleva 35 años en Mallorca. Al mencionarle que ya podemos considerarlo "nuestro", el artista asiente con enigmática sonrisa, mientras va mostrándome algunos de sus mágicos lienzos, todos de gran formato, realizados entre 2012 y 2013.

La poesía, la música y la naturaleza siempre han sido y son las fuentes inagotables de su inspiración. Baltasar Porcel, con analítica mirada crítica y palabra tan certera como aliada, escribió en 1978: "Hay pintores exhaustos y los hay que por pincelada plasmada parecen exigir veinte formulaciones plásticas más. Baldovino se halla allí. Es un pintor con el futuro abierto".

Efectivamente, Porcel no se equivocaba, puesto que la fórmula creadora de Baldovino sigue con el paso del tiempo evolucionando nítidamente, perfilando aromas, colores y emociones de vida. Dan fe obras como "Los caminos del silencio", "Fructífera soledad", "Abisal"… exquisitas pinturas de sorprendente luminosidad y sinuosas formas arquitectónicas.

Sobre un caballete, descansa una técnica mixta-óleo de gran belleza, cuyas desnudas ramas parecen querer abrazar a la desvalida humanidad, titulada al dorso "El pino de Alaró"; con sutil y jovial socarronería Baldovino comenta: "el poeta tenía el pino de Formentor, yo tengo el pino de Alaró".

Gudi Moragues

Diario Ultima Hora, Palma, 2013

Pugna y vida

El arte de Angel Baldovino es de pugna y vida. Un arte primigenio, porque su crispada expresión proviene de las vísceras: humanas, animales, vegetales. Eso brazos como garfios, la loca mirada que puede ser de un pájaro o de un hombre en los límites, las formas de materia aún habitada por la savia y que puede provenir de la destrozada acumulación de un suelo selvático... Luego, el color: la palpitante pureza de las vísceras en los azules, en los rojos, en los siena, en el amarillo. Baldovino construye como un cántico que nace: la voz determina la palabra.

Después, como sombreando el cuadro, rústico andamio de geometría y de esperpénticas figuras reales. Hay ahí, sí, ecos de la pintura de nuestro siglo, desde Picasso a Clavé, de quien fuere. Pero asoman también las arcaicas obsesiones jerárquicas y geométricas de la América precolombina, la de las arquitecturas como un trono. ¿Y qué hay ahí de la máscara africana? Mueca y duro trazo cromático, amenaza y folklore. Una oscuridad racial resuelta por Baldovino con brillantez instantánea, danzante.

Por otra parte, después de ver una exposición de este artista argentino afincado en Mallorca -al menos por ahora- y provinente de una larga estancia italiana, se tiene la impresión de que nos encontramos ante una materia que sólo comienza su andadura. Pugnacidad, lo primigenio, aparecen de nuevo. Hay pintores exhaustos y los hay que por pincelada plasmada parecen exigir veinte formulaciones plásticas más. Baldovino se halla allí. Es un pintor con el futuro abierto.

Baltasar Porcel

Sant Elm, 1978

Baldovino, el ángel

Si hay una poesía “total”, también puede hablarse de una pintura “total”. Y, dentro de ésta, si hay un pintor “total”, ése es Angel Baldovino. Y no sólo en su puntual sentido. Es artista de muchos estilos y de muchas técnicas; pintor y dibujante. Ultimamente se le ha etiquetado en el mundo d ella abstracción. Abstracción lírica o poética. Pero no hay que olvidar su extensa práctica de un realismo meticuloso.

Ha habido un paréntesis en su hacer, motivados por diversas contrariedades.

A raiz de su exposición en el Centro Cultural Julio Cortázar, del Ayuntamiento de Madrid, escribí en la revista “Por libre”, nº19 que San Isidro “resucitó” a Baldovino. Allí comentaba: “Hay una clara evolución en su pintura que se concreta en un mayor volumen y profundidad, en una composición más matérica, algún empleo de la espátula y el uso de los colores más ocres, sin dejar sus fantásticos azules mediterráneos”.

Ahora, animado por sus “Amigos de Baldovino”, que son numerosos mallorquines y muchos pintores y poetas, representados por 33 artistas y un poeta, se ha hecho posible el que podamos verle y contemplar obra suya. Que, como siempre y como su nombre, tiene “ángel”.

Esteban Pisón

Palma, 1994

Ejercicio de arco iris

Rojo volcán de incandescente ímpetu.
Anaranjado monte donde el sol reclina su sueño de crepúsculo.
Amarillo estanque de cerveza que embriaga el galope del caballo.
Verde ramo de alimentos vegetals dormidos en el cesto de la tienda.
Azul mediación del mar que acepta el aéreo contacto d ella gaviota.
Añil abatimiento que la tristeza arrulla en el silencio de la noche agreste.
Violáceo torso de muchacha llorando la tentación del tiempo.
Angel Baldovino criatura crispada que no cesa de propagar sus tonos terrenales.

José María Forteza

Mallorca, 1979

Al pie de la ventana

Al amigo Baldovino

Al pie de mi ventana que da
al mundo, se inician todos
los caminos.
Importa saberlo aunque no se pretenda abarcarlos
ni caminarlos ni conocerlos.
Siempre se puede hacer uso de uno de ellos
cuando se empañan los cristales, trepidan
las estanterías y un generalizado deterioro
desacredita nuestra casa con fragilidades
absurdas, histerias y noches blandas
que presagian mañanas vacías como jaulas.

Pues, sí, señoras y señores,
desde mi ventana que da al mundo,
desde este mágico punto geográfico que habito,
créase o no, se inician todos los caminos
que son el vivir.

Marcelo Covián

Cadaqués 1981 – Barcelona 1997

Notas para el estratega cromático

“For simple sights, I had no eye”, Robert Graves.

Fiel al convite de transfiguración ofrecido por Rilke en la “Séptima Elegía” duinesa, el pintor argentino Angel Baldovino reconstruye interiormente -emancipando su grito de la zafia realidad- sus visiones multíplices.

En su deliramiento plástico registra con inquieta ternura -y como desaire a la informáticocisoria- los límpidos temblores de la naturaleza alúmbrica, renovada siempre en su deseo inagotable de ofrecerse.

Angel dobla un diminuto cuerpo y lo zarandea entre vegetales para espiar atento, retener la ornamentación natural del semoviente insecto que estremece vibrante con su excitado vuelo a las adelfas.

Su paisaje mental replica contundente al panorama establecido (decretado), servil en su devota y obstinada admiración a inmóviles -inmutables montañas-, lacias oliveras extintas, chamuscadas por la mera reiteración.

Desprendido del tajante e ilusorio contorno, abraza imaginarias siluetas en un territorio abierto a la ludicia, convocando una nueva danza conjugativa y seminal, ritmada internamente con aindiada inocencia.

A este iluminado del color que conmovido se “tropieza con la pequeña luz incontenible” le otorga el poeta Jorge G. Aranguren “la propiedad de azules y violetas” estallantes, turbadores al crepitar en audaces acordes.

Recoge deseante el veloz testigo de Turner, ese otro derviche adelantado, capaz de rezagar al vacuo ruidismo del acelerado moderno y a la despiadada exigencia de banalidad que ahora padecemos.

Andoni Sarriegi

Antología extractada de “Angel Baldovino. Retrospectiva”. 2006. Editado por el Ayuntamiento de Palma y la CAM.